El sonido del salero y el pimentero al frotarlos en círculos, las Casablancas, unos ojos oscuros que esconden un secreto, mi cabello cuando queda atrapado entre la almohada y mi oreja, una pareja de viejitos caminando juntos, el olor de los bebés, cuando alguien me dice que me quiere, cuando mi mamá hace dulce de calabaza, el pozole de mi abuela, despertar sin prisa, no poder evitar una sonrisa, la cerveza, el olor de un libro viejo, la sonrisa de unos ojos serios, cuando mi maquillaje parece profesional, mis labios rojos, el atardecer cuando es rosa y las nubes vainilla, los tacos, despertar sin dolor, Monet, mis uñas de colores, la cara de odio de ciertas personas cuando hago las cosas bien, las mariposas en el estómago, el olor del café por la mañana, un beso que llegue al alma, morder a ciertas personas, el descanso que da el pitido del árbitro, el ruido de la ciudad, mi iPod, el pasto recién cortado y la lluvia en el aire, la música cuando me hace sonreír, el lóbulo de la oreja, la música cuando me hace llorar, el sonido de un motor Fórmula 1, el choque de dos ejércitos en el campo de batalla, el color rosa, las rosas, carcajearme, releer un buen libro, dormir, cuando la gente pretenciosa me quiere apantallar hablando de todo el cine de arte que ven, las películas de acción y fantasía, el cariño correspondido.
Entonces, tuve un ligero accidente automovilístico que me dejó incapacitada para… para nada, la verdad es que sólo estoy medio adolorida, pero necesitaba descansar. Como siempre pasa cuando dejo de escribir, retomarlo es complicado y ustedes son los alegres recipientes del desentumecimiento. Vegetando en mi cama me quedé pensando que vi muchas películas desde la última vez que escribí una reseña así que aquí decidí empezar con Jack el Cazagigantes.
Como buen galán adolescente de moda, Nicholas Hoult se esta colando en varias películas este año. Ya lo vimos en Warm Bodies (2013), como Beast en X-Men First Class (2011) en donde repetirá papel para el próximo año y hasta lo veremos en Mad Max: Fury Road. Buena suerte con eso. Su actuación es perfecta, es decir que esta perfectamente estudiada, no hay mucha vida fuera de las palabras que recita.
La nuevísima Eleanor Tomlinson le roba cámara a todo el mundo, algo difícil cuando compartes créditos con Ewan McGregor y Eddie Marsan. Al primero lo hemos visto de cortesano, escritor quebrado, Jedi y papá desesperado. Al segundo lo conocemos en papeles más pequeños pero entrañables como el pobre inspector Lestrade que tiene que sufrir la mala actitud de Sherlock Holmes en la versión de Guy Richie (2009 y 2011).
La nota destacable es para Ian McShane por ser Ian McShane. Este actor inglés, que en este caso es el Rey Brahmwell, ha interpretado a enanos, piratas, magos protectores inmortales de la luz y tiene una voz maravillosa, razón por la que seguro lo reconoceríamos en Coraline (2009), Kung Fu Panda (2008) y La Brújula Dorada (2007) .
Aún no me decido si previeron a Stanley Tucci de villano o de chico buena onda pero su aparición, aunque un tanto dispersa y con poco sentido, deja el sabor de boca de una buena actuación. La verdad es que nunca entendí el motivo que hizo actuar a su personaje como lo hizo, pero de eso puedo culpar a los guionistas Darren Lemke Christopher MaQuarrie y Dan Studney. Y a Bryan Singer por no decirles nada.
Dejando a un lado los grandes y no tan grandes nombres de los actores podemos llegar a la historia. Chico es pobre, chico trata de vender una vaca (en este caso es un caballo) para salvar a su familia enferma (en este caso es su granja pobre), personaje extraño embauca a chico con un montón de habichuelas de dudosa procedencia, chico recibe el regaño de su vida y resulta que chico termina salvando a una princesa en apuros porque sus frijoles mágicos lo obligaron. (Léase en el tono que más le guste)
No había mucha ciencia para lograr bien esta película, la historia tiene unos buenos siglos siendo contada. Hay quien dice que lo hizo Hans Christian Andersen, hay quienes dicen que no. Yo apoyo esta teoría porque la historia que yo me sé tiene un final feliz y ese no es el estilo del escritor danés.
Pero entonces nos topamos con la enfermedad de nuestra era cinéfila: los efectos especiales. Digo, habiendo tantas compañías especialistas en este arte, por qué contratar a la que te hace a los gigantes más feos, deformes y poco creíbles del universo. Si el objetivo era ponerlos como tontos, lo lograron desde la primer toma. Entonces ¿cómo no se deshicieron de ellos desde que el primero tocó la tierra?
Lo único bueno de estas criaturas fue el origen que le atribuyen a la famosísima frase Fee Fi Fo Fum. No se los diré, porque luego me acusan de dar demasiados spoilers, pero dejo el poema original.
Fee-fi-fo-fum,
I smell the blood of an Englishman,
Be he live, or be he dead
I’ll grind his bones to make my bread.
No es una mala reedición de un cuento clásico pero si de verdad querían un éxito, se debieron acercar al lado más salvaje del ser humano, como lo logrado en Snow White and the Huntsman (2012), Hansel & Gretel: Witch Hunters (2013) y hasta aquel fracaso cinematográfico del 2005 Brothers Grimm con Matt Damon y Heath Ledger. Suerte para la próxima.
Mi esfuerzo y dinero por fin se han visto recompensados. Por ser cliente hiper mega frecuente de Cinépolis, me regalaron dos entradas para ver la nueva comedia mexicana Nosotros los Nobles. Y la verdad es que aunque no me la hubieran regalado la hubiera visto, porque tenía mucho tiempo que no veía trabajar a Gonzalo Vega y porque Luis Gerardo Méndez me enamoró desde que lo vi como Colate en la obra musical Hoy no me puedo levantar, por allí del 2006.
No es un secreto que es una típica comedia de niños ricos que se tienen que enfrentar a las penurias de la pobreza extrema en carne viva. Aunque en este caso, la forma en que llegan a esta situación es más divertida que si les hubieran robado todo su dinero en un fraude de Wall Street.
Así nos encontramos con un padre viudo con la cara de Vega, y tres hijos hiper mamilones pero con un buen corazón escondido entre capaz de Chanel y Lacoste. Los personajes son más que divertidos por si mismos. Méndez es la definición gráfica del mirrey. Karla Souza, a quien vimos en From Prada to Nada (2011), o sea una película exactamente igual a esta, pero con la tragedia “verídica”, es una chica fresa que navega con bandera de boba, pero que no es ni tantito tonta. Y entonces vemos a Juan Pablo Gil, a quien en mi vida había visto pero según International Movie Data Base salió en una película de nombre Malaventura, en 2011. Y él, pasando el exceso de vello facial, nos ofrece al hijo más chico, hipster hasta el cansancio y claro modelo de los estudiantes del Yo Soy 132, con sus coches de lujo, sus matrículas en universidades de prestigio y su ideología pseudo socialista.
Los cuatro actores tienen una relación dinámica, química y buen timing para diálogos divertidos. A pesar de tener su buena carga de palabrotas, no se ven forzadas como en el 90% de las cintas mexicanas. El guión es un tanto predecible, pero es algo que se puede obviar si se trata de ir al cine a divertirse un rato burlándose de los estereotipos de la clase alta de México.
Como todos los filmes mexicanos, esta producida por diez patrocinadores diferentes, un poquito de fondo gubernamental y básicamente depende de lo que uno les quiera regalar. Regalémosle un par de horas de nuestra vida, total, la entrada cuesta poco y no vas a salir enojado por la baja calidad. Lo prometo. Cuando menos te divertirás un rato.
Y gracias a mi obsesión y a que el cine es mi antidepresivo natural, esta semana fui tres veces así que la siguiente entrada: Die Hard 389. Hasta entonces.
¿Alguna vez se preguntaron cómo le hizo el “Mago” de Oz para llegar al poder? Yo sí. Porque siempre he pensado que es un tirano, embustero y manipulador. Y aunque son las características que le dan votos a los políticos, Oz no tiene una democracia sino una monarquía. Y sin más, un extranjero llega y se sienta en el trono, desaparece los vestigios del antiguo reino y se queda con las esmeraldas, los rubíes y hasta las amapolas.
No sé si se note, pero me cae muy mal. Siempre me ha caído mal y creo que regresar a Kansas es lo mejor que lo pudo pasar a Oz, aún cuando lo deja en manos de Glinda, la Hipócrita.
Cuando anunciaron que harían Oz The Great and Powerful, me pregunté si contarían como embaucó a munchkins, winkis y quadlings para que lo pusieran en el trono. Y me pregunté qué tanto le tirarían a las brujas. Porque, ya saben, mujeres en el poder, con poder mágico real, deben de ser perversas.
Entonces entré a la sala con una idea muy clara de lo que vería. La historia no es decepcionante, si nos dicen cómo hizo tontos a todos los muy inocentes pobladores de Oz. Utilizaron el lugar común de ‘smoke and mirrors’ a la décima potencia. Lo que no preví fue la ayuda que recibe, quien se la da y qué esta dispuesto(a) a aceptar con tal de tener un poco de poder. Tampoco es que me sorprendiera, pues.
James Franco (Oz) tiene cara de patán y no le costó mucho trabajo el papel. Embaucar con su sonrisa a tres poderosas brujas para aprovecharse de lo que ellas pueden ofrecer es un día más en el trabajo de un rompecorazones serial, supongo.
Rachel Weisz (Evanora) es una gran actriz, pero le hizo falta un poquito de maldad. Mila Kunis (Theodora) es, pues es Mila Kunis. Puro ojo y belleza perfecta, actuación estudiada y exacta, aunque la prefiero en papeles más divertidos. Michelle Williams (Glinda) es la perfección andando. Desde el cabello rubio y rizos suaves hasta los vestidos, los ojos de bondad y gracia. Allí sí me confundo, no sé si Glinda es muy buena actriz o ella es mejor.
La visión de Sam Raimi (Spiderman l, ll, lll) es excelente. Desde Kansas en donde la vista cerrada y cuadrada de Oscar, o sea Oz, se refleja con el ancho de la pantalla, hasta la ciudad esmeralda, por dentro y por fuera. China Town, el Bosque Negro, el campo de amapolas y la burbuja de Glinda son bien logrados, aunque nada nuevo bajo el sol.
Pero el efecto especial que esperaba, que me convenció de verla, el nacimiento de la Bruja Malvada del Oeste, real y leyenda. Y entonces, oh triste decepción. ¿Por qué utilizar un exceso de CGI para hacer a un personaje “feo” cuando le vas a dejar los ojos gigantes y los dientes perfectos? ¿No era más visualmente atractivo utilizar maquillaje y hacerla un cuero de bruja “malvada”?. Y, ya sabe, que se viera real. No, la tenían que poner falsa, y más bien amorfa, porque ni fea les quedó.
Si te gusta algo del universo de Oz, puedes verla, divertirte o hacer berrinches. Maravillarte con los detalles que un amante de ese mundo ve y echar un vistazo detrás de la cortina. Lo cierto es que después de verla, no pude evitar llegar a casa a abrir Wicked, Memorias de una bruja mala (Gregory Maguire, 1995). Ante todo, eché de menos la disposición agria y extraña, pero a la vez dulce, preocupona y asustadiza de Elphaba, mejor conocida como la Bruja Malvada del Oeste.
You’ll remain the hole in my chest, the hole in my soul, the hole in my day and the hole in my Facebook chat.
Another special Seuss-Day today!!!
Happy (belated) Birthday, Dr. Seuss!
Perfection!
Pues sí, todos tenemos gustos pulposos. Los míos incluyen los éxitos de Glee, las series con temas sobrenaturales, los libros para adultos jóvenes y sus respectivas películas. Por eso este fin de semana corrí a ver Criaturas Hermosas, Hermosas Criaturas o como menos nos hacemos bolas, Beautiful Creatures.
El nombre suena bien y esta basada en una saga de cuatro libros de Kami Garcia y Margaret Stohl que vieron la luz en 2009. La trama central no es un descubrimiento: chico conoce a chica, chico se enamora, chica guarda un oscuro secreto y rechaza al chico, el chico es persistente y florece el amor. O sea, el clásico romance adolescente con un algo de magia, sazonado con la eterna batalla entre la luz y la oscuridad.
Las actuaciones del nuevo “galán” Alden Ehrenreich y la extra greñuda Alice Englert son aceptables. La verdad es que no los hemos visto en mucho (nada), pero tienen un plus maravilloso a su favor: no son los típicos falsos adolescentes perfectos hollywoodenses. Estos sólo son nuevos actores desaliñados en papeles desaliñados, con exceso de maquillaje.
Por otro lado nos encontramos con la siempre inmaculada actuación de Jeremy Irons, al que sí conocemos bastante gracias a su participación en películas taquilleras, no taquilleras, malas, buenas y hasta animadas como el Rey León (1994), Lolita (1997) y Eragon (2006), por no mencionar las muchas otras en su lista.
Emma Thompson dejó de ser la niñera más fea de la historia para ser la madre más desnaturalizada del cine, y eso incluye a la mamá de Carrie (Carrie, 1976) y de Norman Bates (Psycho, 1960). Y por si fuera poco, vemos a una Emmy Rossum crecida, sin cara de adolescente influenciable y sin cantar. De acuerdo, la última película que recuerdo de ella es El Fantasma de la Opera (2004). Su personaje, una hechicera oscura con conflictos de identidad familiar, es el personaje más intrigante, pero no la hace mucho mejor.
La falta de profundidad de los personajes deja muchas dudas sobre sus verdaderas personalidades, el camino que seguirán y hasta si nos caen bien o mal. Personalmente prefiero echarle porras a las casters oscuras (sí, casters porque se ofenden si les dices brujas), pero eso es un problema mental propio.
Un guión medio plano aunado a una dirección incipiente, ambos de Richard LaGravenese, de quien sólo disfruté La Princesita por esos días de 1995, efectos destacables, aunque dudo que sean meritorios de un Oscar y un final que deja la puerta abierta para las posibles adaptaciones de las secuelas literarias.
Entretenida por ratos si no quieres ir a llorar, pensar o clavarte mucho en temas. Aunque tengo que admitir que es un respiro a la invasión de nominadas al Oscar con sus temas profundos y ejecuciones perfectas.
Hace algunos años, cuando estaba al borde de una crisis existencial, la destino me llevó al cine, a la única película que me hubiera podido ayudar, en el momento exacto en el que la necesitaba. Vi Eat Pray Love (2010) protagonizada por Julia Roberts. Y si bien no me fui un año de hippie a comer, rezar y amar, sí me di cuenta que el cuerpo, el alma y la mente son poderosas y bien balanceadas, nos ayudan a encontrar la felicidad.
Esta vez no tengo una crisis existencial, más bien ando con el corazón magullado. Y en esos escapes de la realidad me encontré con Silver Linnings Playbook, que muy amablemente tradujeron como Los Juegos del Destino.
La trama central es un hombre diagnosticado con un trastorno mental tratable que, gracias a terapia recomendada (obligada) por la corte, decide buscarle el lado amable a las cosas. Para sobrevivir a una realidad más bien sofocante, Pat (Bradley Cooper) se pone como objetivo reconquistar a su esposa, la cual tiene una orden de restricción en su contra.
En el camino a convertirse en la mejor versión de si mismo encuentra a Tiffany (Jennifer Lawrence) una mujer casi tan dañada como él, y juntos emprendenden el clásico viaje a la redención. Las actuaciones de ambos actores son excelentes, aunque con Lawrence tampoco es una sorpresa ya que esta acostumbrada a cargar el peso de una película enteramente en sus expresiones.
Con David O. Russell en el timón como director y coescritor de la historia, vemos un acercamiento no explotado a las consecuencias de la falta de atención dentro de la familia y el aspecto humano de personas comunes que sobreviven a los corazones rotos.
Inclusive la edición destaca con un ritmo paralelo a las emociones mezcladas de los protagonistas y primeros planos inquietantes. Por primera vez, este año coincido con la Academia con sus múltiples nominación por Mejor Película, Bradley Cooper como Mejor Actor, Jennifer Lawrence como Mejor Actriz, Robert DeNiro como Mejor Actor de Reparto, Jacki Weaver como Mejor Actriz de Reparto, la dirección y guión de David O. Russell y la edición de Jay Cassidy y Crispin Struthers.
¿Algo extra para los no tan clavados en la calidad humana? La mitad de la película se la pasan hablando de futbol americano. Y así, se convirtió en mi película del año para reparar algo roto dentro de mi. La próxima semana, Criaturas Hermosas.
Cuando el amor por una historia, una canción o un lugar es intenso y tiene años creciendo dentro de uno, es fácil obviar las cosas malas y defender el objeto de ese amor sin importar que tan bueno o malo sea. Simplemente hay que ver como defiendo al Real Madrid frente a, pues, todo el mundo. Por eso cuando anunciaron Les Misérables me emocioné y me preparé para decirle al mundo: los musicales son maravillosos, bitches.
Pero una cosa es lo que uno dirá al público y otra lo que verdaderamente siente. Leí el libro hace unos 10 años, vi cada obra, película, miniserie y concierto existente. Esta demás decir que me gusta la historia. O sea, Me Gusta. He visto el concierto de 25 aniversario unas 20 veces. Por eso llegué a la sala de cine con miedo en todo el cuerpo.
La verdad, estaba preparada para odiarla y decirle a todo el mundo que era una maravilla. Después de ver a Alfie Boe como Jean Valjean, sabía que nada iba a superarlo. Sin embargo olvidé el factor “a Ximena le encanta el score de la obra” y desde la primer nota musical se me enchinó la piel. Eso sin hablar del enorme y destruido barco que un montón de prisioneros franceses arrastraban al puerto de reparación.
Y así, sin más, el Valjean de Hugh Jackman me ganó. La voz ni siquiera se acerca a la de Boe, pero es verdaderamente difícil superar a ese hombre. La mirada, las microexpresiones, la voz cortada, el odio que sale de cada poro del protagonista es merecedor de alabanzas.
Si bien, la obra es en general lenta y larga, eso es Les Misérables y siempre lo ha sido. Son 20 años de la vida de un exconvicto que debate a diario sus posturas éticas y morales y trata de ser mejor de lo que era un día antes. Todo esto, en medio de una Francia gris, pobre y oprimida. Y para ponerle un toque de emoción, en continua huida de un policía re aferrado.
A pesar de que los demás personajes van y vienen, se mueren o desaparecen en el camino y nosotros seguimos viendo las transformaciones de Valjean, las interpretaciones -y desde luego las canciones- de estos pasajeros enriquecen el filme de Tom Hooper.
Más que alabable es la actuación de Anne Hathaway, que no sólo se aventó I Dreamed a Dream en una misma toma, sin corte de edición, o sea todo el solo con la cámara a 20 centímetros de su cara, sino que dejó que le tasajearan el cabello a cuadro, mientras ella lloraba amargamente. Esa escena no es una que se pueda repetir. Casi con la misma calidad de interpretación esta la, hasta hoy desconocida, Samantha Barks, o sea Eponine.
Eddie Redmayne, al que pocos vimos en Mi Semana con Marilyn, es feo feo. Pero un gran interprete. Definitivamente el mejor Marius que he visto. Los niños Daniel Huttlestone, Gavroche, e Isabelle Allen, la pequeña Cosette, sólo me recuerdan los años que he desperdiciado al no explotar mi talento dramático. Ellos, como últimamente vemos a todos los niños actores, excelentes.
Y llegamos a lo malo, o bueno, lo menos bueno. Los Thénardier siempre han sido el alivio cómico de una historia extremadamente triste. Efectivamente Helena Bonham Carter y Sacha Baron Cohen son buenos cantantes, buenos actores, y siempre engrandecen sus papeles, les dan un toque personal. Me gustan. Pero para hacer a los despreciables, sin embargo entrañables y luego odiosos, guardianes de Cosette y el futuro de Jean Valjean, les faltó maldad. O tal vez podredumbre humana.
Y el personaje que más me preocupaba: Javert. ¿Quién había escuchado que Russel Crowe cantaba? Pues sí, canta. No es la mejor voz, pero se defiende en sus solos y sus encuentros con Jackman. El único defecto de este personaje es que pusieron a Máximo Décimo Meridio, o sea el Gladiador, como el villano. Y su cara de osito apachurrable le resta al odio que siempre se siente por Javert.
Y la que sentía segura, la única que no me preocupaba (junto con Jackman), la señorita Amanda Seyfreid. Ya la habíamos escuchado en Mamma mía! y se defendía. Pero el papel de Cosette siempre ha sido vocalmente demandante. A Heart Full of Love es una de las canciones más altas que he tratado de cantar, junto con Think of Me de The Phantom of the Opera. (Sí, las he tratado de cantar. ¿Y?)
Y entonces llega Seyfreid y me demuestra que nada es seguro en esta vida y que su voz tiembla más que un árbol en medio de un huracán. Ok, no tanto. Pero sí resultó la voz más desmerecida. Y eso que yo estaba bien tranquila con que ella interpretara el papel.
Si quieren saberlo, el segundo acto me hizo llorar, a pesar de conocerlo a la perfección. Las luces del cine estaban prendidas y yo seguía sin poder contener las lágrimas. Lo bueno es que no era la única. hombres y mujeres por igual sufrieron conmigo. Y cuando terminó, la gente aplaudió como si los actores estuvieran allí. Así que si van en busca de una película que los haga sentir bien, entren a ver Juegos del Destino (esperen mi siguiente crítica). Pero si quieren ver arte, la nueva reedición de Les Misérables los enamorará.
Así. Literalmente, la película se llama Warm Bodies y es de zombies. Entonces los puristas del género piensan: no por favor, van a hacer a los zombies igual de princesitas que a los vampiros. Otro Crepúsculo no, por favoooooooor. Ok, yo lo pensé. Digo, para mi no hay como un viernes con palomitas, Sarahí y una horda de zombies tratando de comerse a Milla Jovovich.
Pero soy valiente y había visto el trailer. La película pintaba para ser una burla a la degeneración del género. Por más raro que se lea eso. Así que muy decidida me senté a ver algo que seguramente odiaría. Y no.
Primer plano de R, interpretado por Nicholas Hoult, caminando por un aeropuerto plagado de zombies. Espera. Hay algo raro. Este chico esta muy pálido y tiene muchas cicatrices, sus ojos son excesivamente azules y camina encorvado, arrastrando los pies. Más importante aún, los zombies no lo atacan. La voz en off nos dice porque. Él también es un zombie.
La mejor parte es que no es un zombie vegetariano. Tiene hambre y come humanos. En especial el cerebro, es la mejor parte. ¿No se preguntaron siempre por qué los zombies comen cerebros? La respuesta está en la cinta de Jonathan Levine, una adaptación al libro homónimo de Isaac Marion.
Con actuaciones sencillas pero divertidas del chico de ojos azules que todos conocimos en About a Boy y la guapísima Teresa Palmer como su interés romántico (sí, interés romántico) el filme nos lleva a un viaje por la psique zombie, algo nunca antes explorado a menos que cuentes a Frankenstein, quien es un poco muerto viviente.
Fresa, sí. Crepusculosa, no. Un guión más bien inteligente, con un tinte de critica a la sociedad desconectada que vivimos hoy, chistes que no todos entenderán y más contacto humano con este zombie enamorado que lucha por regresar a su antiguo ser de lo que tuvimos con la plana y muy inexpresiva Kristen Stuart.
Pensándolo mejor, no me explico como no la escogieron a ella para ser uno de los zombies. Hoult tiene más expresiones faciales cuando se supone que esta muerto de lo que ella tiene en cualquier película que haya hecho. Y eso incluye Panic Room, que debo admitir, me gusta.
Un most para este 14 de febrero, esa fecha en que muchos fresas van de la manita pensando que es el día más romántico del año. Como nota personal, creo que sí habrá algo maravilloso ese día: el esperadísimo (por mi) estreno de Les Miserables en el complejo de cines más cercano. ¡Hasta entonces!